Cierro el pico. Aparecen grillos. El burbujear de la piscina. El riego del vecino suena como aire que se expulsa y también como lluvia. El aire corre desesperado. Al lado, alguien camina descalzo, y abajo, en la tele, comentan el fútbol. La noche suena como un latido lento, como una respiración pausada. El aire vuelve, otra vez, pero ahora despacio. Un perro ladra. Y de repente son dos. Las hojas de los árboles suenan como se sienten las cosquillas. Cada movimiento mío en la cama es un sonido ácido, el de la fricción en las sábanas. Un coche aparca a dos calles. El aire golpea una reja. El tren ronronea a lo lejos. Un avión rasguña el cielo. Mi respiración se oye como un bombeo apretado. Encienden un coche pero el burbujeo del agua se antepone. Susurra la brisa. Ahora la lluvia, es ligera, suena como a pasos cortitos, corriendo. Grita un trueno. Cascabelea con fuerza la tormenta de verano. Ahora cantan en la tele. Ahora cruje una moto y gime el viento…
Yo seguiré aquí tumbada, escuchando la noche, porque tiene ganas de charla.