{"id":156,"date":"2012-06-26T00:44:37","date_gmt":"2012-06-25T22:44:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.desdeadentro.es\/?p=156"},"modified":"2020-06-25T13:11:01","modified_gmt":"2020-06-25T11:11:01","slug":"mi-primer-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.desdeadentro.es\/index.php\/mi-primer-mar\/","title":{"rendered":"Mi primer mar"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_753\" aria-describedby=\"caption-attachment-753\" style=\"width: 720px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-753 size-large\" src=\"https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-1024x768.jpg\" alt=\"\" width=\"720\" height=\"540\" srcset=\"https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-768x576.jpg 768w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-1920x1440.jpg 1920w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-720x540.jpg 720w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-580x435.jpg 580w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2012\/06\/DSCN1375-320x240.jpg 320w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-753\" class=\"wp-caption-text\">Morro Terco. Playa en Nuqu\u00ed, Pac\u00edfico colombiano. Septiembre de 2016.<\/figcaption><\/figure>\n<p>El trayecto cubr\u00eda la zona sur de Colombia hasta que se funde con Ecuador, adentr\u00e1ndose hasta Quito, el destino final. De Cali a Quito, hay algo m\u00e1s de 400 kil\u00f3metros en l\u00ednea recta. Viajando por tierra es el doble, lo que supone m\u00e1s de un d\u00eda de viaje. Hicimos la traves\u00eda en el Renault 4 de mi abuelo, un carro del que tengo un recuerdo n\u00edtido, como una fotograf\u00eda en la que podr\u00eda identificar con precisi\u00f3n el pantone del amarillo.<\/p>\n<p>Viajamos seis personas en este carro dise\u00f1ado para cuatro pasajeros. Adelante \u00edbamos mi abuelo, al volante, y en el asiento del copiloto mi abuela y yo (yo comprimida por sus grandezas).\u00a0 Atr\u00e1s iban mis tres t\u00edos m\u00e1s j\u00f3venes, todos &#8220;sardinitos&#8221; y tan llenos de ilusi\u00f3n que hasta derrochaban simpat\u00eda.<\/p>\n<p>Yo me sent\u00eda plena. Me enfrentaba a un viaje lleno de paisajes en compa\u00f1\u00eda de ese hombre bonach\u00f3n que se cruz\u00f3 en mi vida como el mejor de los abuelos sin que en realidad lo fuera. \u00c9l se\u00f1or Victor, mi abuelo, estaba unido a m\u00ed por amor y no por sangre; era un ser maravilloso. S\u00f3lo siete a\u00f1os me bastaron para sentirlo y saberlo con seguridad.<\/p>\n<p>Recorrimos esa parte baja de Colombia, llena de paisajes verd\u00edsimos que a penas cab\u00edan por la ventana del R4, y que a penas dejaban espacio para respirar. \u00a0Recuerdo colores y texturas que se sobrepon\u00edan como en una colcha de retazos. Y ese olor a pasto mojado. Y el fr\u00edo de aquel lugar que ve partirse en tres a los Andes cuando irrumpe en Colombia. Por all\u00ed cruzamos, a muy poca velocidad, serpenteando la monta\u00f1a. Yo me sent\u00eda feliz de verle a \u00e9l con su piel brillante y su cuerpo grande, protector. \u00a0Feliz porque estar cerca de \u00e9l era estar siempre bien. All\u00ed lo tuve todo: a \u00e9l y la ventana de su R4 que me regalaban el mundo por primera vez.<\/p>\n<p>Recuerdo que durante todo el viaje us\u00e9 la camiseta de Menudo. Una camiseta roja, de una tela parecida al sat\u00edn, con la imagen tipo postal de ese grupo musical que me hizo llorar sin consuelo, como si a mis entonces siete a\u00f1os yo supiera que el despecho por amor exist\u00eda.\u00a0 No me quit\u00e9 la camiseta ning\u00fan d\u00eda del viaje como no me he quitado esa sensaci\u00f3n de despecho 28 a\u00f1os despu\u00e9s. Como no le quit\u00e9 los ojos a mi abuelito ni un solo d\u00eda de ese viaje al sur.<\/p>\n<p>Recuerdo entre sombras el momento en que llegamos a Atacames. Primero vi una especie de r\u00edo no muy ancho, que result\u00f3 ser, seg\u00fan mi abuela,\u00a0un brazo de mar. Y \u00bfqu\u00e9 cuernos era el mar? Entonces recuerdo el Pac\u00edfico como en una imagen congelada, su olor y su sonido, su atardecer naranja que me incendi\u00f3 el alma.<\/p>\n<p>As\u00ed conoc\u00ed el mar de la mano de mi abuelo. Y no lo olvid\u00e9 nunca; ni por el atardecer, ni por el olor a sal, ni por la brisa que acaricia, ni por la mano de ese hombre que me sostuvo con amor y seguridad. Este abuelo que ya no est\u00e1 y que tantas, tantas veces he querido volver a ver y, tantas otras, volver a abrazar.<\/p>\n<figure id=\"attachment_661\" aria-describedby=\"caption-attachment-661\" style=\"width: 646px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/abuelito-y-yo-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-661\" src=\"https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/abuelito-y-yo-2.jpg\" alt=\"\" width=\"646\" height=\"862\" srcset=\"https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/abuelito-y-yo-2.jpg 646w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/abuelito-y-yo-2-225x300.jpg 225w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/abuelito-y-yo-2-580x774.jpg 580w, https:\/\/www.desdeadentro.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/abuelito-y-yo-2-320x427.jpg 320w\" sizes=\"auto, (max-width: 646px) 100vw, 646px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-661\" class=\"wp-caption-text\">Mi abuelo y yo en su casa de Cali. 1983.<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El trayecto cubr\u00eda la zona sur de Colombia hasta que se funde con Ecuador, adentr\u00e1ndose hasta Quito, el destino final. 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