Una primavera y un adiós

U
@silvanamezasalazar en El Retiro. Madrid. Marzo de 2014.

Ha de ser el cambio de estación que ya presiento en mis tripas.  La sensación es extraña, como si acabara de arribar a algún lugar nuevo. Tengo los ojos muy abiertos, un hormigueo en la punta de los dedos, un sudor frío que me escarcha los poros. Tengo el corazón expuesto.

Huele a primavera aunque hoy llueva. Los cambios de luz me hacen sentir ahí mismo, en esta estación que, año a año, pasa a galope por aquí.

Es eso o que estaré muriendo un poco, como dice Mendoza en La importancia de morir a tiempo. Porque se avecinan cambios. Así que si lo pienso un poco, entiendo que esta sensación extraña, de arribo y de muerte al mismo tiempo, viene de la despedida. De las próximas partidas. De eso que se rompe.

Se van algunos amigos. Vuelven a su país de origen. Ellos, que han sido parte importante en mi historia -ya no tan reciente-, me abandonan un poco, aunque yo bendiga su partida y la celebre con ellos.

Se siente así, parecido a arribar a un lugar nuevo, como mi noviembre de 2005 -cuando vine para siempre a Madrid-. Así como cuando cambia una estación. Así como cuando te mueres un poquito.

Ellos se van, y yo me muero en pequeñas dosis mientras ellos nacerán, también en pequeñas dosis, en otro lugar. Pero no me aferraré a mi cadáver. No lo embalsamaré. Voy a nacer de nuevo con ellos, como una raíz dentro de ellos, y estaré desperdigada, gracias a ellos, en muchos lugares de este planeta.

PD.1.  A Leo y Polcito que ahora ya andan veraneándose a Lima y se siente su hueco por aquí. A Juampa, mi amigo del alma que me deja como un hermano mayor deja a una hermana menor: triste. A su Ale, mi Ale, que se irá en algún tiempo detrás de él y se llevará con ella el despiste y las sonrisas. Y a mi Chivita, porque siempre es un poquito insoportable, y así, insoportable será decirle adiós.

PD. 2.  Mendoza dice, en La importancia de morir, página 97 de La importancia de morir a tiempo: “Los seres humanos nacemos muchas veces. Hay personas que no entienden esto, y se aferran a su cadáver, lo embalsaman… Hay que dejarse morir tranquilamente. Es la única forma de renacer, de resucitar convertido en otro… No hay que lamentar nada…Hay que morirse y punto, hay que abandonarse, hay que hacerse a un lado, no evocarse, no sentir nostalgia, no ponerse a resucitar un cadáver que ya está putrefacto e inmundo. Lo que hay que hacer es celebrar el nacimiento de ese otro…”

PD. 3. Los Vetusta pueden encargarse de la banda sonora: Copenhague 

1 comentario



Carolina

Soy Carolina González González. Soy colombiana y vivo en España. Estudié Comunicación Social y Periodismo y Marketing. He trabajado durante muchísimos años en Marketing y Comunicación empresarial. Sin embargo, nunca he dejado de escribir; hay algo dentro de mí que me anima a escribir todo tal y como lo veo y, sobre todo, tal y como lo siento. Comulgo con que hacemos parte de la sociedad del cansancio. Y precisamente, para hacerle un poco el quite a ese cansancio, quiero seguir escribiendo.

Archivos